12 de juny 2010

¡Hay que cortar!



Hace un par de semanas atrás algunos medios de comunicación dieron a conocer una nueva “victoria” obtenida en el campo de los derechos humanos –y, en particular, en el campo del derecho humano a la identidad. Se trata de la historia de una niña correntina de cuatro años quien, tras una “larga lucha”, obtuvo su documento nacional de identidad. El sexo que consiga ese documento es, “finalmente”, femenino.

De acuerdo a la información publicada, la niña había sido asignada al sexo masculino al nacer. El tamaño de su clítoris habría sido tan grande que fue confundido con un pene, lo que llevó a considerarla un niño. Luego se descubrió que tenía ovarios, que tenía útero, y que, por lo tanto, debía ser reasignada e intervenida quirúrgicamente con “urgencia”. Y, por supuesto, sin su consentimiento. ¿Por qué? ¿Cuál era la “urgencia”? ¿Se trataba, por ejemplo, de una urgencia médica? ¿Era necesario operarla para salvarle la vida, acaso? No. La única urgencia del caso era la violación encarnada de su derecho humano a la identidad. ¿A qué identidad? Obviamente, a la identidad obligatoria entre “sexo femenino” y “clítoris de tamaño promedio”.

Para decirlo claramente: sólo porque durante esos cuatro primeros años su existencia pareció tener lugar en ese intervalo entre la femineidad al que llaman “intersexualidad”, es que una cirugía destinada a cortarle el clítoris puede justificarse en nombre de sus derechos humanos. Sólo porque su existencia pareció tener lugar en esa tierra de nadie de la diferencia sexual es que esa intervención no solo no fue públicamente reputada como condenable sino que, además, fue valorada como deseable. Buscada. Defendida como un derecho. Finalmente celebrada. Y es que desde la perspectiva cultural que persiste en identificar lo humano con cuerpos femeninos o masculinos promedio, se trata de intervenciones destinadas a humanizarnos. ¿Quién podría, acaso, oponerse a eso? ¿Quién podría negarse a festejarlo?

La historia de la niña intersex de Corrientes fue relatada, invariablemente, como una gesta heroica que, contra todos los contratiempos, logró asegurarle su derecho humano a la identidad. Una Defensoría de Pobres y Ausentes, un hospital público, un tribunal, el Estado, en suma, apareció una y otra vez comprometido, en esa historia, con el final triunfal de esa gesta. Narrada, una vez más, en los términos de los derechos humanos, se trata, una vez más, de una historia de horror. Las variaciones corporales, la distancia entre los genitales de una niña o un niño particular y el ideal sexuado de nuestra cultura, los distintos modos en los que la diversidad se encarna, nada de eso, en sí mismo, deshumaniza; la violencia quirúrgica sí, e instala el trato inhumano en el centro mismo de la experiencia de devenir un ser humano sexuado.

¿Qué hacer para detener este horror? ¿Qué hacer para revertir el orden que lo justifica? Visibilizar y celebrar la diversidad corporal tal vez ayude pero también es necesario hacer visible esa otra diferencia, la verdadera, la que no reside entre nuestras piernas. Esa que se produce y se instala cuando, en nombre de la diferencia sexual, invocando ciertos derechos de lo humano y de lo idéntico y movido por las mejores intenciones, alguien dice: hay que cortar. Y corta.

Mauro Cabral en SOY, suplemento de diversidad sexual, página 12, 16 de mayo del 2008.

[El texto completo, y los de otras personas intersexuales, puede encontrarse en:
Cabral, Mauro (editor): Interdicciones. Escrituras de la intersexualidad en castellano. Córdoba, 2009. Disponible en http://www.mulabi.org/Interdicciones2.pdf]

El vídeo es un fragmento del documental: Le clítoris, ce cher inconnu (Francia/Gran Bretaña, Michèle Dominici, 2003).

10 comentaris:

Mariano Ros ha dit...

No tenia ni idea que pasaban estas cosas. ¿Y todavia ahora se hacen estas operaciones tambien en España?

Rosa Sanchis ha dit...

Hola Mariano,
No tengo información del estado Español. Es un tema complejo porque también depende de lo que se entienda por intersexual. Parece ser que está siendo cuestionado. Aquí (http://www.interemergen.es/participacion.html) hay una lista de diagnósticos.

Está en inglés, pero en este artículo se cuestiona la clasificación de la bióloga Fausto-Sterling: http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/12476264. Y se habla de una de cada cinco mil personas intersexuales.

Cheryl Chase, una intersexual norteamericana, en “Hermafroditas con actitud” (dentro de El eje del mal es heterosexual) habla de uno de cada dos mil bebés en los que no está claro el sexo por la simple observación de sus genitales.

Dejando de lado las clasificaciones, creo que lo dramático es, después de leer a las personas interexuales que han sido operadas, cortar clítors-penes y/o realizar vaginas. http://www.ciudadaniasexual.org/Reunion/M1%20Cabral.pdf

almu i loly ha dit...

En la nostra opinió, ens pareix un poc cruel aquest tipus d'operació, perquè se'ls deuria deixar que decidiren per ells mateixos el seu sexe quan el tingueren clar del tot quan foren majors i, per tant, conscients de que eixe sexe serà el que els acompanye durant la resta de la seua vida. Per això, és una decisió de cadascú, ja que és la vida d'eixa persona i ningú (ni els pares ni els metges), pot decidir el futur d'aquesta persona com a home o dona.

Teresa ha dit...

He treballat en l*s meu*s alumn*s d'ètica aquest vídeo sobre les mutilacions genitals intersex. Com que previament havíem treballat l'ablació del clítoris als països africans i asiàtics estan una mica confusos. Encara que pense que més bé es tracta de la incredulitat que genera el fet que aquestes amputacions de clítoris majors que la mitja o de penis més xicotets de l'habitual es produïsquen en aquestes circumstàncies. Es a dir, als hospitals del països que denominem desenvolupats i sota a indicació mèdica.

Aquestes mutilacions són veritablement tan sagnants com les que es produïxen als països africans per motius suposadament religiosos. Algun alumne espantat va dir: “¿Què més els dona que el penis siga xicotet? Seguix sent un home”. Ahí queda doncs la pregunta: ¿Perquè s'amputen clítoris grans i penis xicotets?

A més, pel que diu Mauro Cabral a l'escrit que linkes en el post, Rosa, n'hi han diversitat d'intersexualitats que donen lloc a què aquestes persones siguen sotmeses a intervencions que vulneren els seus drets. Perquè, com dius Marta, es fan quan són xicotetes per prendre decisions al voltant dels seus genitals i/o del sexe pel que voldrien definir-se, si és el cas.

Aquest mateix autor, en el text que ens portes al post, Rosa, acaba preguntant-se què hem de fer per detindre aquest horror. Subratlles aquestes paraules seues: hem de visibilitzar i celebrar la diversitat corporal.

Rosa Sanchis ha dit...

Benvinguda al bloc, Teresa,
vinc de veure Southern comfort a la filmoteca: és un documental excel·lent. I acaba amb aquesta frase: a la naturalesa li agrada la diversitat, per què a algunes persones no?

Rosa Sanchis ha dit...

Ací hi ha un vídeo sobre intersexualitat:
http://www.dailymotion.com/video/x7yc5j_pseudohermafroditas-jacob_school

Teresa ha dit...

Desde luego son situaciones complejas. Acabo pensando en el cuento de la charla de Pichardo Galán sobre “Diversidad sexual”. Un montón de redonditos que se reúnen a jugar en una casa por cuya puerta no cabe cuadradito. Cuadradito prueba a plegarse y otras acrobacias. También proponen cortarle las puntitas. Hasta que caen en la cuenta de que lo que se ha de hacer es cambiar la puerta para que cuadradito también pueda entrar. Con el añadido de que en realidad todos somos diferentes unos de otros.

Es también esto lo que me recuerda GABRIEL MARTÍN, PSICÓLOGO Y ACTIVISTA INTERSEXUAL vinculado a la coordinadora Gay-lesbiana de Barcelona.

Aquí un artículo sobre él de 2009 que apareció originalmente en 20minutos.es (con la objeción de que cualquier niña mínimamente activa sabe que “algo no va bien”)
http://actualidadesintersexuales.blogspot.com/2009/11/primero-tuve-que-entender-mi-cuerpo.html

Y una entrevista en junio de 2010 http://actualidadesintersexuales.blogspot.com/2010/06/me-educaron-en-femenino-pero-siempre-me.html

Rosa Sanchis ha dit...

Hola Teresa, el tema es efectivamente delicado pero siento decir que no me gusta la manera de plantearlo de Gabriel, o al menos la idea que da el artículo de su experiencia. Me guardé el artículo que citas porque me pareció un ejemplo de esencialismo, de naturalismo o como lo quieras llamar: “descubrió que era chico”, “ella se divertía jugando con los geyperman”, “los testículos le quedaron ocultos en las ingles”, “los médicos no creyeron necesario hacerle ninguna prueba”, “los médicos confundieron”…

Hay un tipo de intersexualidad que se produce por un déficit de una enzima que se llama 5-alfa-reductasa, que provoca que
la testosterona no se sintetice y aunque el cariotipo sea XY, el bebé nace con genitales ambiguos. Después, en la adolescencia, cuando los testículos se ponen a trabajar a tope, se produce la masculinización del cuerpo debido a que ahora sí, la testosterona actúa. Imagino que esa es la situación de Gabriel. Pero claro, plantearlo como que “descubrió que era hombre por su tesón”…

Tampoco me parece bien que se culpabilice a los/as médicos porque “se confundieron” si lo que se está demandando en la mayoría de colectivos intersexuales y transexuales es la no intervención médica en los procesos identitarios. ¿Se está insinuando acaso hacer todo tipo de pruebas a los bebés para garantizar una adecuada asignación sexual? ¿Todavía más vigilancia de género?

¿Jugar a cosas “masculinas” es lo que supuestamente confiere masculinidad?

Reconozco el sufrimiento por el que pasó Gabriel al ser rechazado por ser masculino, pero no hay en el artículo ni en sus palabras el menor atisbo de reconocimiento hacia la masculinidad de las mujeres, hacia el derecho de las personas a jugar con Barbies y Geypermans independientemente de su cariotipo, de sus hormonas o del tamaño de sus genitales. Entiendo su dolor pero no comparto su manera de explicarlo.

Gracias, Teresa, por tu aportación y por recordarme el artículo.

Teresa ha dit...

El documental que propones me parece muy interesante. Pero comentarlo me parece como un campo minado, aunque correré el riesgo. Por una parte, la madre y los profesionales parecen exclusivamente interesados en elegir un sexo para el niño. Con independencia de los deseos del mismo y con afán meramente normalizador. Sin embargo, es comprensible que la madre se muestre preocupada por la futura integración del niño. Problemas los ha de encontrar una persona intersexual. Ya decía Mauro Cabral que quienes han sido mutilados lo viven como una experiencia muy dolorosa –podemos entender muy bien-, pero también quienes no han sufrido intervenciones. El médico sale bastante mal parado pues aparece diciendo algo así como que no hay baños para intersexuales sino sólo para hombres y mujeres. Sin embargo, quizás sea tendenciosidad del director. Lo digo porque se muestra que hay motivos para extirpar la vagina por peligro de que la vejiga resulte afectada. El caso de Jacob es para mí particular porque la intervención quirúrgica parece necesaria por motivos de salud –o al menos eso entiendo yo-. No es así en la mayor parte de casos que mencionan Mauro Cabral o Nuria Gregori o en el del testimonio que preside este post, en que se trata de la ablación del clítoris sin más motivos que los estéticos o normalizadores.

En todo caso, lo que preocupa no es tanto la salud de la criatura sino el definirlo como hombre o mujer. Aunque no se pueden olvidar los reales problemas con que en efecto se enfrentará una persona intersexual. Es esto lo que me ha hecho pensar en los redonditos y cuadraditos. Es decir, la dificultad que tenemos para aceptar la diversidad humana. Mauro Cabral en este texto lo dice así “¿Qué hacer para detener este horror? (….) Visibilizar y celebrar la diversidad corporal (…)”

El entrar a dirimir si, en la situación de Jacob, la vagina esto o la vejiga lo otro me hace temer hablar de intersexualidad como si se tratara de un caso clínico, que denunciaba Mauro Cabral. Y me hace sentir la necesidad de dejar paso al discurso en primera persona de las personas interesadas. Gabriel Martín, -criticas de manera muy certera-, parece mostrarse esencialista. Pero tiene el valor añadido de ser un intersexual español, activista, que habla de sí y por sí.

Gabriel Martín también me ha interesado porque ha vivido varias diversidades -de esas del orden que juegan a favor de las mutilaciones-. Como niña masculina genera el insulto, en el punto de mira porque le barba cuando se esperan pechos, y su tercera salida del armario como gay.

Y sí, disiento totalmente de algo así como que “el ser de hombre” sea jugar al fútbol o con los geyperman. ¡Qué bien que hayas escrito un post titulado “Marimacho”!

Marta M. ha dit...

Ja feia temps que coneixia aquestos successos i sempre m'han semblat esgarrifosos, no m'entra al cap per quin motiu han de ser uns altres els que decideixen el tu seràs abans de que no pugues ni pensar, perquè es una decisió que afectarà a tota la teua vida.
Però encara em sembla pitjor que és realitzen aquest tipus d'operacions només perquè els genitals tenen un mesura fora d'allò que és comú, si no poden decidir el seu gènere per la grandària dels seus genitals que li facen un anàlisi cromosòmic i prou, però que no li realitzen una operació que li fotrà la vida.

15 de juny de 2010 16:52